EL EURO:
El euro es la
moneda única que comparten actualmente 19 Estados miembros de la Unión Europea,
que forman la zona del euro. La introducción del euro en 1999 fue un importante
paso hacia la integración europea. También constituye uno de sus principales
éxitos: aproximadamente 337.5 millones de ciudadanos de la UE lo emplean
actualmente como moneda y disfrutan de sus ventajas, que se seguirán
extendiendo a medida que otros países de la UE vayan adoptando el euro.
Al
introducirse el 1 de enero de 1999, el euro se convirtió en la nueva moneda
oficial de 11 Estados miembros, sustituyendo a las antiguas monedas nacionales
(tales como el marco alemán o el franco francés) en dos etapas. En primer lugar
se introdujo como moneda virtual para los pagos no efectuados en efectivo y con
fines contables, mientras que las antiguas monedas siguieron empleándose en los
pagos en efectivo, siendo consideradas como divisiones del euro.
Posteriormente, el 1 de enero de 2002, el euro apareció físicamente, en forma de
billetes y monedas.
El euro no es la moneda de todos los Estados miembros. Dos países (Dinamarca y el Reino Unido) han optado por la cláusula de «exclusión voluntaria» contemplada en el Tratado, que les exime de participar en la zona del euro, mientras que el resto (muchos de los nuevos Estados miembros más Suecia) todavía no cumplen las condiciones para adoptar la moneda única. Una vez que lo hagan, sustituirán su moneda nacional por el euro.
El euro no es la moneda de todos los Estados miembros. Dos países (Dinamarca y el Reino Unido) han optado por la cláusula de «exclusión voluntaria» contemplada en el Tratado, que les exime de participar en la zona del euro, mientras que el resto (muchos de los nuevos Estados miembros más Suecia) todavía no cumplen las condiciones para adoptar la moneda única. Una vez que lo hagan, sustituirán su moneda nacional por el euro.
Todos los
Estados miembros de la UE forman parte de la Unión Económica y Monetaria (UEM),
la cual puede definirse como una fase avanzada de integración económica basada
en un mercado único que implica una estrecha coordinación de las políticas
económicas y fiscales y, en el caso de los países que cumplen ciertas condiciones,
una política monetaria única y una moneda única: el euro.
El proceso de
integración económica y monetaria de la UE se desarrolla paralelamente a la
propia historia de la Unión. Cuando se fundó la Comunidad Económica Europea en
1957, los Estados miembros se centraron en el establecimiento de un «mercado
común». Con el tiempo resultó clara la necesidad de una cooperación económica y
monetaria más estrecha para un mayor desarrollo y florecimiento del mercado
interior. Sin embargo, el objetivo de lograr una plena unión económica y
monetaria y una moneda única no se consagró hasta el Tratado de Maastricht de
1992 (Tratado de la Unión Europea). Dicho Tratado establecía las normas básicas
para la introducción de la moneda única y determinaba los objetivos de la UEM,
las responsabilidades de cada protagonista y las condiciones que deben cumplir
los Estados miembros para poder adoptar el euro. Estas condiciones se conocen
con el nombre de «criterios de convergencia» (o «criterios de Maastricht»), y
consisten en una inflación baja y estable, un tipo de cambio estable y unas
finanzas públicas saneadas.
Cuando el euro
se hizo realidad, la política monetaria pasó a ser responsabilidad del Banco
Central Europeo (BCE), entidad independiente creada a tal efecto, y de los
bancos centrales nacionales de los Estados miembros que habían adoptado el
euro. Juntos componen el Eurosistema.
La política
fiscal (impuestos y gastos) sigue siendo competencia de los gobiernos
nacionales, si bien éstos pueden adherirse a unas normas de hacienda pública
establecidas de común acuerdo y englobadas en el Pacto de Estabilidad y
Crecimiento. Los gobiernos nacionales también conservan la plena
responsabilidad de sus políticas estructurales (empleo, pensiones y mercado de
capitales), aunque acceden a coordinarlas con objeto de lograr los objetivos
comunes de estabilidad, crecimiento y empleo.
El euro es en la actualidad la
moneda de los 337.5 millones de personas que viven en los 19 países de la zona
del euro. También es utilizado, ya sea como moneda de curso legal o simplemente
con fines prácticos, en una amplia serie de países (sobre todo en los países
más próximos y en antiguas colonias de los Estados miembros).
Por lo tanto, no es sorprendente que el euro se haya convertido rápidamente en la segunda moneda internacional más importante, después del dólar, e incluso ha rebasado a la moneda estadounidense en algunos aspectos (por ejemplo, en lo que se refiere al valor del efectivo en circulación).
Por lo tanto, no es sorprendente que el euro se haya convertido rápidamente en la segunda moneda internacional más importante, después del dólar, e incluso ha rebasado a la moneda estadounidense en algunos aspectos (por ejemplo, en lo que se refiere al valor del efectivo en circulación).
Además de facilitar los viajes,
una moneda única es un elemento muy positivo desde el punto de vista económico
y político. El marco en el que se gestiona el euro hace de éste una moneda
estable con un bajo nivel de inflación y bajos tipos de interés y promueve una
hacienda pública saneada. Una moneda única también es un complemento lógico del
mercado único, cuya eficiencia aumenta. El empleo de una moneda única aumenta
la transparencia de los precios, elimina los costes de cambio de moneda, mejora
el funcionamiento de la economía europea, facilita el comercio internacional y
dota a la UE de una voz más poderosa en los foros internacionales. Asimismo, la
dimensión y la fortaleza de la zona del euro la protegen frente a
perturbaciones económicas exteriores, tales como subidas inesperadas del precio
del petróleo o turbulencias de los mercados de cambios.
Finalmente, hay que señalar el importante hecho de que el euro da a los ciudadanos de la UE un símbolo tangible de su identidad europea, de la que pueden sentirse cada vez más orgullosos a medida que la zona del euro crece e incrementa estas ventajas para sus miembros actuales y futuros.
Finalmente, hay que señalar el importante hecho de que el euro da a los ciudadanos de la UE un símbolo tangible de su identidad europea, de la que pueden sentirse cada vez más orgullosos a medida que la zona del euro crece e incrementa estas ventajas para sus miembros actuales y futuros.






